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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

La paja en el ojo ajeno

El veterano artista abandona la Sala Uno del estudio de televisión donde acaba de grabar una entrevista. Tropieza con un asistente de cámara mientras tironea del cable para desenredar el micrófono corbatero, que se aferra a su camisa negra como una serpiente constrictora. Después arroja el pequeño dispositivo al primero que encuentra en su camino (no mira si es técnico, público o figurante), resopla, evita ojos extraños y acelera el paso para huir de aquel laberinto; entonces, entre una multitud de personas agolpadas en un pasillo, divisa al amigo que lo estaba esperando para llevarlo a casa.

—No lo puedo creer. Todo el puto rato preguntándome por el Fulano ese —el artista parece ladrar a su amigo.

—¿Qué Fulano? —pregunta el otro, distraído en busca de la salida.

—Eso digo yo, ¿qué Fulano? ¿Quién es? —se enfurece más el artista.

—No lo sé, no sé de qué estamos hablando —insiste el otro, mientras se abre camino por pasillos cargados de gente, cables, equipos y atrezo. Seguir leyendo “La paja en el ojo ajeno”

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La criatura del Laberinto

«Se mencionaba en los antiguos escritos que una extraña y misteriosa criatura también habría habitado en el interior del laberinto, un ser salvaje y peligroso, a la vez que oscuro y huidizo, que acechaba a los condenados como un fantasma asesino; algunos especulaban que la criatura era en realidad un paseante que había quedado atrapado y olvidado cuando el incendio de la biblioteca, y que había aprendido a sobrevivir con los escasos recursos de aquel pequeño ecosistema, adquiriendo hábitos de animal solitario y asilvestrado; otros creían que era un monstruo llegado de latitudes lejanas, y que se había colado por casualidad en el laberinto sin ser capaz nunca de abandonarlo; y un tercer grupo de audaces afirmaban que se trataba del propio Zagamaz el Cruel, quien disfrazado de bestia ingresaba al laberinto para acosar y atormentar a sus enemigos.»

“T”

Solía ser un objeto valioso, preciado e imprescindible. No por cotidiano, gastado, arrugado, manoseado (y a veces denostado) dejaba de ocupar un espacio preponderante en la mochila o el bolsillo interior de algún abrigo, a salvo de la lluvia, de hurtos o descuidos. Siempre a mano, porque al salir de casa uno nunca sabía a dónde iba a parar (o de dónde tendría que volver).

Hoy es un vestigio de papel, prehistoria del GPS, reliquia inútil a todos los efectos: ya no vivo en la ciudad que dibujan sus planos; y aunque así fuera, esa ciudad ya no es la que recogen sus páginas. Seguir leyendo ““T””

Sueños hospitalarios

A veces sueño, pero en el sueño no soy protagonista. Apenas un testigo, una cámara que registra lo que hacen otros.

Pero esos otros no son, como suele ocurrir, las presencias de familiares y amigos, o esas mixturas extrañas en las que, por momentos, quien te acompaña es tu hermano y al instante, sin que en el sueño cause ninguna sorpresa, ese mismo acompañante es ahora un amigo del secundario, o mamá, o el tío, o la compañera de la facultad. No es eso. Seguir leyendo “Sueños hospitalarios”

Hortografia

Sale no va el otro dia q la jente escribe con flatas de hortografia y q asta los Maestros de secundaria disen burradas y que se yo. Y yo digo es que aalgien le importa la hortografia???? No cerá que lo de escribicionar corretamente es un inbento de los poderosos para suvllugarnos ahun mas? Y si lo hacen preveyendo q a la jente les cuesta un güevo zaberse todas laas nrmas de la lengua casteyana?? Y Qién puzo las reglas EEEH????? Seguir leyendo “Hortografia”

La lucha del cáncer

Siempre oímos hablar de la lucha contra el cáncer, tanto de manera individualizada (una persona concreta que combate la enfermedad en su cuerpo) como de alcance social (los esfuerzos en investigación, las terapias, la asistencia a los pacientes oncológicos y sus familias, las campañas de concientización, y un largo etcétera). Pero poco se recuerda hoy de un movimiento ruidoso pero efímero que luchó a favor del cáncer. Esta es su breve historia.

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Labores de limpieza

Velázquez entró en el despacho acristalado donde un joven ejecutivo (o un ejecutivo de apariencia juvenil) con impecable camisa blanca entallada, corte de pelo engominado y cejas depiladas, esperaba de espaldas mientras miraba al horizonte de la ciudad, ese que solo es visible desde las grandes alturas.

—Sentate, Velázquez —dijo el ejecutivo, con la mirada perdida en la lontananza pero atenta al reflejo de quien acababa de llegar; después agregó:— Cerrá, por favor. Seguir leyendo “Labores de limpieza”

Puertas

Cada puerta es una vía de escape hacia otra estancia de la que querremos escapar. Cada huida es una oportunidad de verse atrapado en una celda sin salida.

La luz que ciega, las sombras que ocultan, las rejas abiertas de par en par (o cerradas con pesados candados) señalan caminos confusos, invitan a pasajes misteriosos, guían con señales ambiguas en un laberinto de ilusiones ópticas.

Y nosotros avanzamos, giramos, entramos y salimos a la vez, con la esperanza de concluir la fuga en algún espacio infinito.

Foto: Puertas.

El reloj

El reloj tenía grabados en su tapa un fénix y un dragón. El fénix impulsaba las inquietas manecillas en su movimiento continuo; el dragón ordenaba el universo en un dial de doce números. Ambos convivían entre engranajes delicados y sonidos acompasados, sin más pretensiones que acompañar a la eternidad. Pero el hombre, que daba cuerda e interpretaba los signos, aspiraba a controlar el tiempo.

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