El Florida Festival es una cita ineludible de cada verano. Su origen se remonta a 2008, cuando los músicos Diego Glombovsky y Matías Saturnini inauguraron el escenario principal con su dúo de guitarras y voces versionando a Simon & Garfunkel, Pedro y Pablo, Bob Dylan y Silvio Rodríguez, entre otros.

«El festival surgió con la crisis, ante la necesidad de buscar nuevos acercamientos al público, explorar otros canales diferentes a los circuitos habituales», explica Saturnini. «Quisimos recuperar los orígenes de la música y su interacción con la gente, su componente popular, lo que aprendimos en la calle», añade Glombovsky.

Los dos músicos, con ayuda de la antigua productora Marcia Márquez, idearon un novedoso concepto de festival que aunaba la propuesta alternativa de vanguardia con el rescate de expresiones tradicionales. «La elección del lugar no fue casual. Ante la precarización de las salas de conciertos y la comercialización creciente de los festivales independientes, tuvimos que evaluar otras opciones», cuenta Márquez. «Necesitábamos acercarnos al público, entrar en contacto directo con él, y Florida nos daba esa posibilidad», concluye.

Adaptarse o morir

Como todo al principio, los comienzos fueron duros, con problemas de organización, climatología adversa, y fallos propios de principiantes: falta de permisos, lagunas burocráticas, exceso de improvisación… Sin embargo, la buena acogida del público propició su despegue, y muy pronto la experiencia de Glombovsky y Saturnini animó a otros.

Al festival se fueron sumando músicos independientes como la cantautora Erika Fornicoccini, quien recuerda: «Tuvimos que adaptarnos; hubo que reducir equipo, transformar el espectáculo en algo más íntimo, minimalista, casi unplugged. Ya no podíamos estar horas montando y desmontando todo, ni poner diez músicos en escena; fue un ejercicio interesante, de reflexión, de desprendimiento, de buscar la esencia…».

Álex Dalla Chiesa, líder de Metales Mutantes, acompaña este sentimiento y recuerda su primera participación en la tercera edición del festival: «Originalmente teníamos todo pensado para el mítico concierto de rock, con fuegos artificiales, amplificadores a full, puro power. Pero hubo que hacer un clic, cambiar el chip, recuperar las baladas de Kiss, Skorpions, Metallica… incluso de Bon Jovi. Fue re-loco. El primer día caímos con nuestras melenas, con jeans, con cuero, con remeras negras de Pantera, Megadeth, Iron Maiden… y con cinco guitarras acústicas y un bombo. La gente nos miraba y no sabía si éramos mariachis heavy o qué».

El factor económico

Al desarrollo del festival contribuyó su estructura de precios variable: se buscaba evitar que el valor de la entrada constituyera un límite para la participación del público: «La crisis estaba ahí, no podíamos evitarla. Nos condicionaba a nosotros, pero también a la gente, a los que querían escucharnos», rememora Saturnini. «Nos dimos cuenta de que si dejábamos que cada uno pagara en la medida de sus posibilidades, habría casos en que nos escucharían gratis, sí, pero otros en los que podríamos obtener ingresos. La mayoría de las personas es honesta y agradecida, y quien quedó conforme con el show y puede permitírselo, siempre paga», recalca Marcia Márquez. «No aspirábamos más que a cubrir costes», se sincera Glombovsky, «pero creo que el clima social de solidaridad ante la crisis, y la cercanía, el cara a cara, nos permitieron hacer de este festival una propuesta rentable».

En las sucesivas ediciones, los escenarios del Florida Festival se nutrieron de otras disciplinas artísticas: magia, circo, cuentacuentos y hasta performances de vanguardia se dieron cita en un solo espacio para ofrecer una auténtica experiencia cultural.

«Nos sentimos muy orgullosos de lo que hemos creado así, casi de forma orgánica», señala Márquez, aunque se sincera: «Cuando empezamos, no esperábamos este éxito ni que se fuera a prolongar tanto en el tiempo; supongo que tiene que ver con los tiempos y los cambios de mentalidad, del mercado cultural…».

La edición de este año

Si no ocurre alguna (otra) catástrofe, este año podremos ver un Florida Festival desbordante de creatividad. Por primera vez, habrá escenarios a lo largo de toda la calle Florida, y algunas actividades complementarias en las adyacentes.

En el escenario principal de Florida 76 actuarán, entre otros, los fundadores G&S, el colectivo de freestyle rap K.H.A.O.S., y la voz indie por excelencia, Camila Lánguida. También, como homenaje a la tradición popular que inspiró este novedoso concepto de festival, han sido invitados los reconocidos músicos callejeros Chango y su Charango, el lutier y percusionista «Piojo» Lerner, y el saxofonista Quique G.

«Creemos que la distancia social y otras precauciones no van a afectar el deseo de la gente de pasar un verano en la calle, disfrutando del buen tiempo y de la buena música», analiza Marcia Marquez. «El Florida Festival es una iniciativa cultural que ha llegado para quedarse», coincide Erika Fornicoccini, quien repetirá su participación y añade más: «Es una propuesta original, líquida, colaborativa, propia del siglo XXI, que refleja las circunstancias y la idiosincrasia de las nuevas generaciones».

Como guinda del pastel, hará su esperado debut la primera banda fermentada a la sombra de esta nueva era de festivales: Mamerta y Los Menesterosos se presentará en el escenario de Florida 25, entre los manteros que venden réplicas de Louis Vuitton y el puesto que ofrece merchandising con escudos de fútbol.

«Como siempre decimos, deseamos muchos éxitos a todos los participantes y, sobre todo, ¡gorra llena!», animan Glombovsky y Saturnini.

 

Foto: Cantando al reparo de la lluvia