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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

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Sueños hospitalarios

A veces sueño, pero en el sueño no soy protagonista. Apenas un testigo, una cámara que registra lo que hacen otros.

Pero esos otros no son, como suele ocurrir, las presencias de familiares y amigos, o esas mixturas extrañas en las que, por momentos, quien te acompaña es tu hermano y al instante, sin que en el sueño cause ninguna sorpresa, ese mismo acompañante es ahora un amigo del secundario, o mamá, o el tío, o la compañera de la facultad. No es eso. Seguir leyendo “Sueños hospitalarios”

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Labores de limpieza

Velázquez entró en el despacho acristalado donde un joven ejecutivo (o un ejecutivo de apariencia juvenil) con impecable camisa blanca entallada, corte de pelo engominado y cejas depiladas, esperaba de espaldas mientras miraba al horizonte de la ciudad, ese que solo es visible desde las grandes alturas.

—Sentate, Velázquez —dijo el ejecutivo, con la mirada perdida en la lontananza pero atenta al reflejo de quien acababa de llegar; después agregó:— Cerrá, por favor. Seguir leyendo “Labores de limpieza”

Puertas

Cada puerta es una vía de escape hacia otra estancia de la que querremos escapar. Cada huida es una oportunidad de verse atrapado en una celda sin salida.

La luz que ciega, las sombras que ocultan, las rejas abiertas de par en par (o cerradas con pesados candados) señalan caminos confusos, invitan a pasajes misteriosos, guían con señales ambiguas en un laberinto de ilusiones ópticas.

Y nosotros avanzamos, giramos, entramos y salimos a la vez, con la esperanza de concluir la fuga en algún espacio infinito.

Foto: Puertas.

El reloj

El reloj tenía grabados en su tapa un fénix y un dragón. El fénix impulsaba las inquietas manecillas en su movimiento continuo; el dragón ordenaba el universo en un dial de doce números. Ambos convivían entre engranajes delicados y sonidos acompasados, sin más pretensiones que acompañar a la eternidad. Pero el hombre, que daba cuerda e interpretaba los signos, aspiraba a controlar el tiempo.

El gato tuerto

Era un gato viejo, creo yo. Tuerto, eso seguro. Apareció un día en la ventana que daba al patio, desafiante detrás del vidrio. Estaba parado en el alféizar, junto a una maceta con tierra seca y una planta muerta. Lo vi de casualidad, porque la luz que daba en la ventana mezclaba reflejos y polvo, y apenas dejaba ver el exterior. Estuve tentado de espantarlo hasta que descubrí el ojo dañado: quizás está lastimado, pensé, con una herida reciente. Tal vez necesite desinfectarse antes de que el ojo se le ponga peor. Seguir leyendo “El gato tuerto”

La fierbreaA

El capitán extrajo el tabaco de su faltriquera y lió un cigarrillo. Se plantó frente al tablero, donde las piezas ya se distribuían de forma aparentemente anárquica, con sus juegos de amenazas invisibles; lo escudriñó unos breves instantes y sugirió adelantar el caballo para amenazar al rey. “Mate en cuatro”, vaticinó con la segbudo… camepeón delmundo… hasta el anochecer

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El devorador de almas

En este enlace, un tema musical de prueba, compuesto y grabado en una noche con un viejo Casio: El devorador de almas.

Update: nueva versión remasterizada.

Foto: El fantasma.

Gemelos

No sabía decir cómo

No sabía decir cómo, pero la poesía no era lo suyo porque no sabía decir cómo. Si solo se hubiese dado cuenta de que para ser un poeta bastaba con la idea, la palabra y la forma, habría llenado hojas y hojas de poesía. Si hubiera sabido a tiempo que a veces basta un salto de línea para dar otra perspectiva a todo, habría sido un poeta. Pero no sabía decir cómo.

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Pajarito

El pajarito se posó en mi ventana, como en una poesía berreta. Pese a que yo estaba parado a menos de medio metro, el bicho no se asustó. De hecho, bastante caradura, dio un par de saltitos torpes, arrimándose más, mientras yo lo miraba fijo y él me lanzaba vistazos con un ojo y con el otro, ladeando la cabeza, carente de esa visión frontal característica en los predadores. Seguir leyendo “Pajarito”

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