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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

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Soñador

El gato duerme. Se enrosca en un rincón del sofá, encima de una repisa, debajo de las hojas de una planta (sobre la tierra de la maceta), entre las sábanas enredadas de una cama sin hacer. Y duerme.

De vez en cuando despierta y, cansino (palabra creada para explicar el andar felino) se mueve hasta su cuenco de comida, o ensucia y escarba la arena de su caja, o se estira y (acaso) corre un poco por los pasillos con una cadencia de ejercicio rutinario. Después de todo eso, vuelve a dormir. Seguir leyendo “Soñador”

Introvertida

El parque infantil está desierto. Son las cinco en punto de la tarde, cielo poco nuboso, temperatura dieciocho grados centígrados, sensación térmica veinte grados. Pero el parque está desierto.

Tantas veces imaginé este momento: nada de gritos agudos; nada de bullicio ni peleas; nada de padres y madres negligentes sembrando tempestades sin la recompensa de una fractura, de un corte profundo, o de una lesión permanente.

Nadie, solo juegos vacíos, los pájaros (cada vez más atrevidos, cada vez más dueños de la ciudad), las cintas de policía y la basura que arrastra el viento.

Es un sueño, o así lo parece. Un paisaje onírico, irreal. Aquel espacio de encuentro, superpoblado con puntualidad inglesa, viste ahora las ropas nuevas de una catástrofe nuclear. Así empieza el abandono, pienso. Así son los primeros instantes del fin del mundo.

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Florida Festival

El Florida Festival es una cita ineludible de cada verano. Su origen se remonta a 2008, cuando los músicos Diego Glombovsky y Matías Saturnini inauguraron el escenario principal con su dúo de guitarras y voces versionando a Simon & Garfunkel, Pedro y Pablo, Bob Dylan y Silvio Rodríguez, entre otros.

«El festival surgió con la crisis, ante la necesidad de buscar nuevos acercamientos al público, explorar otros canales diferentes a los circuitos habituales», explica Saturnini. «Quisimos recuperar los orígenes de la música y su interacción con la gente, su componente popular, lo que aprendimos en la calle», añade Glombovsky. Seguir leyendo “Florida Festival”

Reiteración

Va pasando despacio, sin que te des cuenta, de a poco: un día perdés interés por el noticiero; otro, dejás de escuchar los hits del momento; y después ya no sabés quién ganó el Oscar a mejor dirección en el último año. Seguir leyendo “Reiteración”

Recuerdos

‒Hola, ya volví.

‒Hola, ¿cómo fue?

‒Bien. Me lo encontré a Calixto. Te manda recuerdos.

‒¿Qué Calixto?

‒El señor de acá a la vuelta.

‒Ah, el jubilado del abrigo azul… Seguir leyendo “Recuerdos”

La paja en el ojo ajeno

El veterano artista abandona la Sala Uno del estudio de televisión donde acaba de grabar una entrevista. Tropieza con un asistente de cámara mientras tironea del cable para desenredar el micrófono corbatero, que se aferra a su camisa negra como una serpiente constrictora. Después arroja el pequeño dispositivo al primero que encuentra en su camino (no mira si es técnico, público o figurante), resopla, evita ojos extraños y acelera el paso para huir de aquel laberinto; entonces, entre una multitud de personas agolpadas en un pasillo, divisa al amigo que lo estaba esperando para llevarlo a casa.

—No lo puedo creer. Todo el puto rato preguntándome por el Fulano ese —el artista parece ladrar a su amigo.

—¿Qué Fulano? —pregunta el otro, distraído en busca de la salida.

—Eso digo yo, ¿qué Fulano? ¿Quién es? —se enfurece más el artista.

—No lo sé, no sé de qué estamos hablando —insiste el otro, mientras se abre camino por pasillos cargados de gente, cables, equipos y atrezo. Seguir leyendo “La paja en el ojo ajeno”

“T”

Solía ser un objeto valioso, preciado e imprescindible. No por cotidiano, gastado, arrugado, manoseado (y a veces denostado) dejaba de ocupar un espacio preponderante en la mochila o el bolsillo interior de algún abrigo, a salvo de la lluvia, de hurtos o descuidos. Siempre a mano, porque al salir de casa uno nunca sabía a dónde iba a parar (o de dónde tendría que volver).

Hoy es un vestigio de papel, prehistoria del GPS, reliquia inútil a todos los efectos: ya no vivo en la ciudad que dibujan sus planos; y aunque así fuera, esa ciudad ya no es la que recogen sus páginas. Seguir leyendo ““T””

Sueños hospitalarios

A veces sueño, pero en el sueño no soy protagonista. Apenas un testigo, una cámara que registra lo que hacen otros.

Pero esos otros no son, como suele ocurrir, las presencias de familiares y amigos, o esas mixturas extrañas en las que, por momentos, quien te acompaña es tu hermano y al instante, sin que en el sueño cause ninguna sorpresa, ese mismo acompañante es ahora un amigo del secundario, o mamá, o el tío, o la compañera de la facultad. No es eso. Seguir leyendo “Sueños hospitalarios”

Puertas

Cada puerta es una vía de escape hacia otra estancia de la que querremos escapar. Cada huida es una oportunidad de verse atrapado en una celda sin salida.

La luz que ciega, las sombras que ocultan, las rejas abiertas de par en par (o cerradas con pesados candados) señalan caminos confusos, invitan a pasajes misteriosos, guían con señales ambiguas en un laberinto de ilusiones ópticas.

Y nosotros avanzamos, giramos, entramos y salimos a la vez, con la esperanza de concluir la fuga en algún espacio infinito.

Foto: Puertas.

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