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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

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Florida Festival

El Florida Festival es una cita ineludible de cada verano. Su origen se remonta a 2008, cuando los músicos Diego Glombovsky y Matías Saturnini inauguraron el escenario principal con su dúo de guitarras y voces versionando a Simon & Garfunkel, Pedro y Pablo, Bob Dylan y Silvio Rodríguez, entre otros.

«El festival surgió con la crisis, ante la necesidad de buscar nuevos acercamientos al público, explorar otros canales diferentes a los circuitos habituales», explica Saturnini. «Quisimos recuperar los orígenes de la música y su interacción con la gente, su componente popular, lo que aprendimos en la calle», añade Glombovsky. Seguir leyendo “Florida Festival”

La facultad

El edificio, de afuera, parece tomado (okupado). Su arquitectura monolítica y austera, que vivió tiempos mejores, muestra ahora un estado de semiabandono, con graffiti, carteles mal pegados, excrementos de paloma, rajaduras y marcas de óxido y humedad. En la puerta, unas improvisadas pancartas pintadas sobre madera, cartón o papel afiche, coleccionan ingeniosas y bienintencionadas sentencias sobre un mundo mejor o las ventajas de la «lucha» social —«lo único que se construye desde arriba son los pozos», reza una; «quien no se mueve no siente las cadenas», dice otra—. Sobre la puerta principal, unas letras de pretensiones sólidas indican que ahí está la FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES; aunque parece un nostálgico vestigio del pasado antes que una indicación para el presente. Seguir leyendo “La facultad”

¿Querés un mate, pibe?

El tipo tenía pinta de ex boxeador, con la nariz grande aplastada contra la cara. Peso pesado, todavía musculoso bajo una camiseta blanca sin marcas ni inscripciones. Se notaba que supo tener más pelo, pelirrojo, colorado, pero que ahora lo abandonaba: un peinado raya al costado, corto, resistía el poderoso avance de la frente. Los ojos verdes vivían en sombras bajo los prominentes arcos superciliares, bordeados de ojeras moradas, como si nunca se hubiese repuesto por completo de los últimos puñetazos. Seguir leyendo “¿Querés un mate, pibe?”

Reiteración

Va pasando despacio, sin que te des cuenta, de a poco: un día perdés interés por el noticiero; otro, dejás de escuchar los hits del momento; y después ya no sabés quién ganó el Oscar a mejor dirección en el último año. Seguir leyendo “Reiteración”

Recuerdos

‒Hola, ya volví.

‒Hola, ¿cómo fue?

‒Bien. Me lo encontré a Calixto. Te manda recuerdos.

‒¿Qué Calixto?

‒El señor de acá a la vuelta.

‒Ah, el jubilado del abrigo azul… Seguir leyendo “Recuerdos”

La paja en el ojo ajeno

El veterano artista abandona la Sala Uno del estudio de televisión donde acaba de grabar una entrevista. Tropieza con un asistente de cámara mientras tironea del cable para desenredar el micrófono corbatero, que se aferra a su camisa negra como una serpiente constrictora. Después arroja el pequeño dispositivo al primero que encuentra en su camino (no mira si es técnico, público o figurante), resopla, evita ojos extraños y acelera el paso para huir de aquel laberinto; entonces, entre una multitud de personas agolpadas en un pasillo, divisa al amigo que lo estaba esperando para llevarlo a casa.

—No lo puedo creer. Todo el puto rato preguntándome por el Fulano ese —el artista parece ladrar a su amigo.

—¿Qué Fulano? —pregunta el otro, distraído en busca de la salida.

—Eso digo yo, ¿qué Fulano? ¿Quién es? —se enfurece más el artista.

—No lo sé, no sé de qué estamos hablando —insiste el otro, mientras se abre camino por pasillos cargados de gente, cables, equipos y atrezo. Seguir leyendo “La paja en el ojo ajeno”

La criatura del Laberinto

«Se mencionaba en los antiguos escritos que una extraña y misteriosa criatura también habría habitado en el interior del laberinto, un ser salvaje y peligroso, a la vez que oscuro y huidizo, que acechaba a los condenados como un fantasma asesino; algunos especulaban que la criatura era en realidad un paseante que había quedado atrapado y olvidado cuando el incendio de la biblioteca, y que había aprendido a sobrevivir con los escasos recursos de aquel pequeño ecosistema, adquiriendo hábitos de animal solitario y asilvestrado; otros creían que era un monstruo llegado de latitudes lejanas, y que se había colado por casualidad en el laberinto sin ser capaz nunca de abandonarlo; y un tercer grupo de audaces afirmaban que se trataba del propio Zagamaz el Cruel, quien disfrazado de bestia ingresaba al laberinto para acosar y atormentar a sus enemigos.»

“T”

Solía ser un objeto valioso, preciado e imprescindible. No por cotidiano, gastado, arrugado, manoseado (y a veces denostado) dejaba de ocupar un espacio preponderante en la mochila o el bolsillo interior de algún abrigo, a salvo de la lluvia, de hurtos o descuidos. Siempre a mano, porque al salir de casa uno nunca sabía a dónde iba a parar (o de dónde tendría que volver).

Hoy es un vestigio de papel, prehistoria del GPS, reliquia inútil a todos los efectos: ya no vivo en la ciudad que dibujan sus planos; y aunque así fuera, esa ciudad ya no es la que recogen sus páginas. Seguir leyendo ““T””

Sueños hospitalarios

A veces sueño, pero en el sueño no soy protagonista. Apenas un testigo, una cámara que registra lo que hacen otros.

Pero esos otros no son, como suele ocurrir, las presencias de familiares y amigos, o esas mixturas extrañas en las que, por momentos, quien te acompaña es tu hermano y al instante, sin que en el sueño cause ninguna sorpresa, ese mismo acompañante es ahora un amigo del secundario, o mamá, o el tío, o la compañera de la facultad. No es eso. Seguir leyendo “Sueños hospitalarios”

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