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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

Categoría

Ficción

El gato tuerto

Era un gato viejo, creo yo. Tuerto, eso seguro. Apareció un día en la ventana que daba al patio, desafiante detrás del vidrio. Estaba parado en el alféizar, junto a una maceta con tierra seca y una planta muerta. Lo vi de casualidad, porque la luz que daba en la ventana mezclaba reflejos y polvo, y apenas dejaba ver el exterior. Estuve tentado de espantarlo hasta que descubrí el ojo dañado: quizás está lastimado, pensé, con una herida reciente. Tal vez necesite desinfectarse antes de que el ojo se le ponga peor. Seguir leyendo “El gato tuerto”

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Carnaval robot

La invitación, que llegó a sus manos por casualidad, ponía “Carnaval robot”. Y añadía: “Vení con tu mejor disfraz y las baterías cargadas para la fiesta de los autómatas”. Completaban el texto una fecha, la hora y la dirección.

Así que, se dijo, tenía que ir. No podía seguir aislándose en su mundo solitario. Tenía que buscar la compañía de sus semejantes, como tantas veces le habían recomendado. Ponerse al día con el universo; hacer un update. Seguir leyendo “Carnaval robot”

La fierbreaA

El capitán extrajo el tabaco de su faltriquera y lió un cigarrillo. Se plantó frente al tablero, donde las piezas ya se distribuían de forma aparentemente anárquica, con sus juegos de amenazas invisibles; lo escudriñó unos breves instantes y sugirió adelantar el caballo para amenazar al rey. “Mate en cuatro”, vaticinó con la segbudo… camepeón delmundo… hasta el anochecer

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Nuevo libro: ‘Códigos de barra’

Alrededor de una mesa en el bar de Manolo, el Gallego, una barra de cinco amigos debate sobre los grandes temas de la humanidad (como el amor, la verdad, los sueños, el poder, el fútbol y las papafritas).

Y en otra mesa, más apartada y solitaria, un tímido y enigmático escritor recoge sus impresiones sobre el mundo y la vida en un cuaderno anillado de tapas amarillas.

Estas son las líneas de apariencia anárquica y heterogénea, gruesas y finas, que conforman los códigos de barra. Seguir leyendo “Nuevo libro: ‘Códigos de barra’”

“r”

El escritor se sentó ante la máquina de escribir, cargó el papel, posó sus dedos sobre las teclas y se sintió dispuesto a narrar. De inmediato lo invadió el miedo, pero no el famoso temor a la hoja en blanco: a él siempre le surgía algo. Es más, tenía cierta probada habilidad para empezar a escribir cualquier cosa de cualquier manera, con un débil plan en la cabeza, y cambiar sobre la marcha hacia otra idea que le gustara más, sin que ello perjudicara en lo más mínimo su relato. Su oficio era escribir, y él escribía: obras excelentes, cuentos sutiles, historias novedosas, tramas complicadas; a veces simplemente tecleaba una caterva de palabras que a él le parecían desagradables, pero que publicaba como las demás. No sentía ningún tipo de límite ético respecto de su obra, no era de esos que jamás podrían permitir la publicación de una pieza a la que ellos mismos calificasen como “horrible”; al contrario, en el fondo pensaba que siempre habría alguien a quien le iba a agradar lo que narraba. Y fin de la historia. Seguir leyendo ““r””

Alto, ancho y espesor: fútbol, literatura y política

Por Bernhard Villuanueva
periodisto y fantasma de la B.

“Hay que ser ancho para ser profundo”, repetía una y otra vez Ángel Cappa, repitiendo lo que solía repetir César Luis Menotti.

Muchos han encontrado en esta apreciación, en esta fórmula, una explicación sucinta de la propensión a escribir novelas de mil páginas o ensayos interminables: a mayor grosor[1] del libro, traducen, más hondo y trascendente su contenido; suponen que, por ejemplo, hay más sabiduría en el Ulysses de Joyce o El Ser y la Nada (o El Ser y la nada; o El ser y la nada; o El ser y la Nada) de Sartre que en un haiku o un koan zen, o que en los Cuentos breves y extraordinarios con los que se (nos) divertían Borges y Bioy Casares. Seguir leyendo “Alto, ancho y espesor: fútbol, literatura y política”

Fantasmas de la madrugada

Ocurre cuando te levantás temprano. Cuando el despertador te arranca del sueño y te encontrás en una habitación solitaria, silenciosa, iluminada por la mínima lamparita de un velador. Afuera es todavía de noche o, a lo sumo, se ve un resplandor grisáceo que anuncia la inminente llegada del amanecer.

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Gemelos

No sabía decir cómo

No sabía decir cómo, pero la poesía no era lo suyo porque no sabía decir cómo. Si solo se hubiese dado cuenta de que para ser un poeta bastaba con la idea, la palabra y la forma, habría llenado hojas y hojas de poesía. Si hubiera sabido a tiempo que a veces basta un salto de línea para dar otra perspectiva a todo, habría sido un poeta. Pero no sabía decir cómo.

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Lo que es la vida

Imagine que usted es un organismo unicelular que vaga a la deriva por un océano primitivo.

No, no, no. No empiece a recrear en su mente una suerte de placentera excursión en velero; ni siquiera deje que se le atraviese su propia imagen haciendo la plancha en una pelopincho. Recuerde que es una especie de ameba, sin cerebro ni sistema nervioso, sin placer ni dolor; usted es una pequeña maquinita de fagocitar moléculas y replicar ADN, poco más. Seguir leyendo “Lo que es la vida”

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