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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

Categoría

Ficción

Sueños hospitalarios

A veces sueño, pero en el sueño no soy protagonista. Apenas un testigo, una cámara que registra lo que hacen otros.

Pero esos otros no son, como suele ocurrir, las presencias de familiares y amigos, o esas mixturas extrañas en las que, por momentos, quien te acompaña es tu hermano y al instante, sin que en el sueño cause ninguna sorpresa, ese mismo acompañante es ahora un amigo del secundario, o mamá, o el tío, o la compañera de la facultad. No es eso. Seguir leyendo “Sueños hospitalarios”

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Hortografia

Sale no va el otro dia q la jente escribe con flatas de hortografia y q asta los Maestros de secundaria disen burradas y que se yo. Y yo digo es que aalgien le importa la hortografia???? No cerá que lo de escribicionar corretamente es un inbento de los poderosos para suvllugarnos ahun mas? Y si lo hacen preveyendo q a la jente les cuesta un güevo zaberse todas laas nrmas de la lengua casteyana?? Y Qién puzo las reglas EEEH????? Seguir leyendo “Hortografia”

La lucha del cáncer

Siempre oímos hablar de la lucha contra el cáncer, tanto de manera individualizada (una persona concreta que combate la enfermedad en su cuerpo) como de alcance social (los esfuerzos en investigación, las terapias, la asistencia a los pacientes oncológicos y sus familias, las campañas de concientización, y un largo etcétera). Pero poco se recuerda hoy de un movimiento ruidoso pero efímero que luchó a favor del cáncer. Esta es su breve historia.

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Labores de limpieza

Velázquez entró en el despacho acristalado donde un joven ejecutivo (o un ejecutivo de apariencia juvenil) con impecable camisa blanca entallada, corte de pelo engominado y cejas depiladas, esperaba de espaldas mientras miraba al horizonte de la ciudad, ese que solo es visible desde las grandes alturas.

—Sentate, Velázquez —dijo el ejecutivo, con la mirada perdida en la lontananza pero atenta al reflejo de quien acababa de llegar; después agregó:— Cerrá, por favor. Seguir leyendo “Labores de limpieza”

Puertas

Cada puerta es una vía de escape hacia otra estancia de la que querremos escapar. Cada huida es una oportunidad de verse atrapado en una celda sin salida.

La luz que ciega, las sombras que ocultan, las rejas abiertas de par en par (o cerradas con pesados candados) señalan caminos confusos, invitan a pasajes misteriosos, guían con señales ambiguas en un laberinto de ilusiones ópticas.

Y nosotros avanzamos, giramos, entramos y salimos a la vez, con la esperanza de concluir la fuga en algún espacio infinito.

Foto: Puertas.

El reloj

El reloj tenía grabados en su tapa un fénix y un dragón. El fénix impulsaba las inquietas manecillas en su movimiento continuo; el dragón ordenaba el universo en un dial de doce números. Ambos convivían entre engranajes delicados y sonidos acompasados, sin más pretensiones que acompañar a la eternidad. Pero el hombre, que daba cuerda e interpretaba los signos, aspiraba a controlar el tiempo.

El gato tuerto

Era un gato viejo, creo yo. Tuerto, eso seguro. Apareció un día en la ventana que daba al patio, desafiante detrás del vidrio. Estaba parado en el alféizar, junto a una maceta con tierra seca y una planta muerta. Lo vi de casualidad, porque la luz que daba en la ventana mezclaba reflejos y polvo, y apenas dejaba ver el exterior. Estuve tentado de espantarlo hasta que descubrí el ojo dañado: quizás está lastimado, pensé, con una herida reciente. Tal vez necesite desinfectarse antes de que el ojo se le ponga peor. Seguir leyendo “El gato tuerto”

Carnaval robot

La invitación, que llegó a sus manos por casualidad, ponía “Carnaval robot”. Y añadía: “Vení con tu mejor disfraz y las baterías cargadas para la fiesta de los autómatas”. Completaban el texto una fecha, la hora y la dirección.

Así que, se dijo, tenía que ir. No podía seguir aislándose en su mundo solitario. Tenía que buscar la compañía de sus semejantes, como tantas veces le habían recomendado. Ponerse al día con el universo; hacer un update. Seguir leyendo “Carnaval robot”

La fierbreaA

El capitán extrajo el tabaco de su faltriquera y lió un cigarrillo. Se plantó frente al tablero, donde las piezas ya se distribuían de forma aparentemente anárquica, con sus juegos de amenazas invisibles; lo escudriñó unos breves instantes y sugirió adelantar el caballo para amenazar al rey. “Mate en cuatro”, vaticinó con la segbudo… camepeón delmundo… hasta el anochecer

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