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Señales de Humo

Murmullos de un pirómano

Categoría

Reflexión

La facultad

El edificio, de afuera, parece tomado (okupado). Su arquitectura monolítica y austera, que vivió tiempos mejores, muestra ahora un estado de semiabandono, con graffiti, carteles mal pegados, excrementos de paloma, rajaduras y marcas de óxido y humedad. En la puerta, unas improvisadas pancartas pintadas sobre madera, cartón o papel afiche, coleccionan ingeniosas y bienintencionadas sentencias sobre un mundo mejor o las ventajas de la «lucha» social —«lo único que se construye desde arriba son los pozos», reza una; «quien no se mueve no siente las cadenas», dice otra—. Sobre la puerta principal, unas letras de pretensiones sólidas indican que ahí está la FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES; aunque parece un nostálgico vestigio del pasado antes que una indicación para el presente. Seguir leyendo “La facultad”

Reiteración

Va pasando despacio, sin que te des cuenta, de a poco: un día perdés interés por el noticiero; otro, dejás de escuchar los hits del momento; y después ya no sabés quién ganó el Oscar a mejor dirección en el último año. Seguir leyendo “Reiteración”

“T”

Solía ser un objeto valioso, preciado e imprescindible. No por cotidiano, gastado, arrugado, manoseado (y a veces denostado) dejaba de ocupar un espacio preponderante en la mochila o el bolsillo interior de algún abrigo, a salvo de la lluvia, de hurtos o descuidos. Siempre a mano, porque al salir de casa uno nunca sabía a dónde iba a parar (o de dónde tendría que volver).

Hoy es un vestigio de papel, prehistoria del GPS, reliquia inútil a todos los efectos: ya no vivo en la ciudad que dibujan sus planos; y aunque así fuera, esa ciudad ya no es la que recogen sus páginas. Seguir leyendo ““T””

Lo que es la vida

Imagine que usted es un organismo unicelular que vaga a la deriva por un océano primitivo.

No, no, no. No empiece a recrear en su mente una suerte de placentera excursión en velero; ni siquiera deje que se le atraviese su propia imagen haciendo la plancha en una pelopincho. Recuerde que es una especie de ameba, sin cerebro ni sistema nervioso, sin placer ni dolor; usted es una pequeña maquinita de fagocitar moléculas y replicar ADN, poco más. Seguir leyendo “Lo que es la vida”

Apocalipsis

A veces pienso en cómo será el Apocalipsis, si es que alguna vez ocurre tal cosa: ¿sonarán trompetas? ¿Será su sonido armónico pero terrible, como la melodía grave y sombría de un film de terror? ¿O más bien como el de una banda de jazz con sus músicos enajenados, descoordinados, improvisando en escalas y ritmos diferentes? ¿Habrá jinetes, cielos rojos, llamas y caos? ¿O simplemente el Sol pasará a otro estadio de su larga vida, tragándose a la Tierra en alguna fracción de segundo inconcebible, sin que tengamos tiempo de notar el cambio? ¿Tendrá el fin origen en nuestras acciones como especie, en el efecto invernadero, la contaminación, la superpoblación? ¿O quizás adoptará la forma de otras fantasías populares como la plaga gris, los zombies, la rebelión de las máquinas o una invasión de extraterrestres? Y si va a ocurrir irremediablemente, ¿lo veré? ¿Seré testigo, víctima, protagonista? ¿O pereceré entre los primeros, sin pena ni gloria, como el extra de una película? ¿Llegaré a darme cuenta de que eso (sea lo que sea) es el Apocalipsis? Seguir leyendo “Apocalipsis”

Tuíter

Lo leí en Tuíter, dice. Como quien dice “lo leí en el diario”, sin aclarar de qué diario habla, como si hubiese solo un diario en todo el universo conocido. Y como si lo que se escribe en el diario fuera la palabra revelada. Seguir leyendo “Tuíter”

El artículo dominical

Si uno tuviera que escribir un artículo de opinión para una revista dominical –de esas que vienen “de regalo” con el diario del domingo–, no tiene más que imitar lo que acostumbran hacer casi todas las grandes firmas. Seguir leyendo “El artículo dominical”

La grandeza de un país

“La grandeza de un país no se mide en kilómetros cuadrados. Porque lo que de verdad hace grande a un país no es su superficie. Tampoco es, como dicen los intelectuales, su educación o su cultura. Ni son, como afirman otros, sus victorias militares, sus conquistas, o su honor en la derrota. No es la honestidad de sus políticos o la nobleza de su muchedumbre; no es la riqueza de sus paisajes ni la diversidad de sus pueblos; no son sus variopintas costumbres o sus peculiares tradiciones; no es el dinamismo de su economía ni el ingenio de sus inventores; no son los méritos de sus mejores mujeres y hombres, ni su particular idiosincrasia. Lo único que realmente hace grande a un país es la imaginación de la gente. De la gente que, por lo general, no vive en ese país.”

Vladimiro Marrón

Amor verdadero

“La verdad es como el amor: parece un valor supremo por el que merece la pena vivir o morir, pero en realidad solo es una sensación ilusoria y pasajera.”

Vladimiro Marrón

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